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El cuerpo ¿”tal y como es”? ¿cómo es?

Por. Cin P. & Valeria Q.

Ilustración de: Pantone427

Parece que se ha puesto de moda hablar del empoderamiento femenino, empoderamiento de nuestro propio cuerpo y de nuestra propia historia. En el juego de palabras “auto-cuidado” que ha estado rondando en redes sociales más que nunca desde el inicio de esta cuarentena cuasi-voluntaria, se promueve el uso de mascarillas, la prevención de la aparición de líneas de expresión o el consumo de tés que puedan relajarnos un poco después de un día largo de trabajo o tal vez nos hagan bajar de peso sin tener que hacer esfuerzo alguno; la aceptación del cuerpo “tal y como es” para cada persona y por lo mismo, la atención que tenemos que darle (como el uso de esas mascarillas); pareciera que hemos perdido de vista una cosa importante: el cuerpo no es solamente el cuerpo físico con el que caminamos, sino la construcción psíquica que tenemos de él y, por lo mismo, todo el registro que se hace ahí “dentro”. 

Nuestro cuerpo es un lugar de registro, suena difícil de comprenderlo, pero es tan sólo el evocar que en eso psíquicamente construido se van adjudicando muchas más cosas que tan sólo lo que vemos en el espejo, es por eso que a veces puede hacer un matiz distinto de lo que otras personas podrían ver cuando nos observan, pero ¿qué es lo que nosotros observamos?

Durante todas estas décadas en las que hemos escuchado que si usamos falda podemos dar pie a que se nos violenten, que si tenemos busto o caderas prominentes podemos estar promoviendo el deseo sexual del hombre y se nos responsabiliza en cierto sentido de él… ¿qué pasa con el nuestro? Al responsabilizarnos de la práctica del conocimiento, exploración y disfrute corporal y sexual de nosotras mismas, se ha puesto una connotación negativa y en cierto punto pecaminosa. 

Es de esa parte que hemos “registrado” en relación al cuerpo y la sexualidad (entendiendo que no solamente se trata de género ni lo biológico, sino del erotismo) de la que queremos hablar el día de hoy en estas páginas.

Del cuerpo y la sexualidad

La libertad sexual es un concepto que en estos años ha llamado la atención alrededor del mundo no sólo por ser considerado un derecho para todos, sino porque conlleva distintos factores, tales como los prejuicios, la toma de decisiones, etc., cuestión que nos ha llevado a pensar que la igualdad entre hombres y mujeres está cada vez más cerca, sin embargo, sigue siendo considerado como un tabú cuando se habla de la mujer, a veces ni siquiera es mencionado... ¿Por qué sucede esto? 

La religión es un factor determinante en cualquier ideología pues aún de forma inconsciente, afecta la manera en que las mujeres perciben su sexualidad. De acuerdo al Doctor Vladimir Hube (2010), esto se puede observar desde las historias bíblicas, tal como con la historia de Adán y Eva, en el que ella es quien le ofrece la manzana a Adán, a través de la seducción y así terminan desterrados del paraíso; historia matizada por el machismo al poder observar que Eva es considerada una mujer mala, débil y seductora, lo que ayuda a mantener así al patriarcado vigente a lo largo del tiempo gracias a la transmisión.

 Resulta importante tomar en cuenta la forma en que es vista la libertad sexual en nuestra propia cultura: como algo vergonzoso que ha implicado una represión casi absoluta, yendo en contra de las propias leyes naturales del deseo humano.

¿Cómo es que la libertad sexual se ha convertido en un castigo, en algo sucio, en vez de algo que dé lugar al goce? ¿Por qué la mujer es mostrada como algo impuro si decide gozar de su propia sexualidad? 

 Es así como el hombre puede llegar a asumir un papel opresivo, que surge desde hace miles de años, mientras que la mujer asume el opuesto; el de la represión. Aún así, tenemos la posibilidad de diseñar nuestra sexualidad, reconciliándonos con nuestro propio cuerpo y con nosotras mismas. Es importante por esto mismo cuestionar todo aquello que ha sido preestablecido por el entorno en el que vivimos.

Así, se convierte en algo importante encontrar un balance entre nuestra mente y nuestro cuerpo y con esto me refiero a encontrar un punto en el que si queremos gozar de nuestra sexualidad, no seamos nosotras mismas quienes nos pongamos esa traba inconsciente,  porque al final del día, no sólo son los juicios de los demás los que influyen en nuestra manera de pensar, sino los juicios que nosotras mismas nos ponemos.

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