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Deconstruyendo los medios

Por Ayelen Arreola

El movimiento feminista ha ido ganando terreno con el paso de los años. En 1950 se trataba solamente de la búsqueda de igualdad política y jurídica de hombres y mujeres, hoy se cuestionan y discuten temas como los micromachismos, la igualdad laboral, la violencia de género, entre otros. Uno de los temas más interesantes es la representación del género masculino en la literatura y el cine. La manera en que la sociedad percibe a los géneros y las relaciones entre ellos siempre se ha visto reflejada en las historias que contamos. Desde los mitos de creación hasta las series de Netflix, los personajes que conocemos representan las ideas asociadas a los géneros con las que hemos crecido y que continúan reproduciéndose. La representación de cada género merece su estudio individual, pero nos concentraremos en los personajes masculinos para fijarnos en las diferencias entre sus perfiles actuales y pasados, así como aquellos creadas por mujeres y los que son de autoría masculina.

Pensemos en tres de los personajes literarios más famosos: Harry Potter, Gylbert Blythe de Anne of Green Gables y Mr. Darcy de Orgullo y Prejuicio. Si no somos lectores, podemos pensar, por ejemplo, en personajes famosos de la vida real que han tenido cierta popularidad entre las mujeres por muchas de sus acciones y comportamientos hacia ellas, como Tom Hiddleston o Harry Styles. En las series y películas podemos pensar en la adaptación del personaje literario Gylbert Blythe en Anne With an E, Richard Hunter de The Bold Type o Laurie de Little Women. Solo podemos soñar en que alguna vez los conoceremos en persona, o que nuestros personajes ficticios alguna vez se volverán reales, pero todos ellos tienen algo en común: fueron escritos por mujeres. Y, en el caso de Tom Hiddleston y Harry Styles, su popularidad ha sido mucho mayor entre el público femenino. Es importante pensar en estos personajes, porque son un referente de la representación masculina que consumimos normalmente y que hemos preferido sobre otras formas de personificación masculina. ¿Será que son populares porque las mujeres que los han creado han logrado plasmar en ellos lo que a todas nos gustaría ver en los hombres reales? Lo dijeron Marta Segarra y Àngels Carabí, “la literatura puede constituir un espacio de construcción y deconstrucción de los géneros” (2003).

La lucha feminista nació de las mujeres para las mujeres y, de acuerdo con el tipo de feminismo de cada una de nosotras, a veces excluye a los hombres por ser el sujeto de las instituciones patriarcales. Sin embargo, muchos hombres se han abierto a convertirse en aliados de la causa y buscan liberarse de los ideales patriarcales con los que han crecido (Carabí & Segarra, 2003). Lamentablemente, a lo largo de la historia se ha concebido a la masculinidad como un rol particular basado en la sumisión de las mujeres, resaltando su superioridad. Un hombre debe ser valiente, fuerte, poderoso, capaz, inteligente y no debe expresar sus emociones. La mujer, en cambio, es inocente, delicada, linda, necesita protección y entiende menos que un hombre. Y así se han representado los géneros en la literatura y el cine por mucho tiempo.

Empecemos con el gigante productor de películas infantiles, Disney. Pensemos en Jafar de Aladdín, diciendo que quedarse callada es una buena cualidad en una esposa o en Gastón de La Bella y la Bestia diciendo que una mujer no debe leer porque eso le dará ideas. En Marvel, por otro lado, en todas las películas de Spiderman, Peter se dedica a salvar a Mary Jane del peligro. También podemos pensar en series como Bridgerton, en donde la sexualidad es tabú y la virginidad un atributo que debe protegerse a toda costa en las mujeres. Literalmente podemos pensar en cualquier película, libro o serie que hayamos visto y encontraremos ejemplos de personajes masculinos con una personalidad que se limita solo a estos aspectos, a la superioridad sobre las mujeres, a su necesidad de protegerlas o explicarles cosas. La personalidad de las mujeres, por su parte, se ha visto reducida a ayudar a los hombres en su viaje, a admirarlos y respetarlos y a proteger su virginidad. Esta ha sido la visión que se ha adoptado desde hace muchos años, pero poco a poco nos hemos empezado a liberar de ella.

En la literatura, las autoras femeninas han creado hombres desde su perspectiva que las lectoras no podemos evitar querer. ¿Pero por qué? Ya lo decíamos, la literatura puede ser un área de construcción y deconstrucción de los géneros. Las autoras contemporáneas están escribiendo historias que transmiten un mensaje, que cambian el discurso y que representan al mundo que ellas quieren ver. Que todas queremos ver. Los personajes masculinos de las historias, –ya sean de ficción, romance, misterio o cualquier género­–, abandonan los papeles de héroes insensibles, sobreprotectores y superiores para convertirse en hombres que aceptan, entienden y respetan a las heroínas. En muchas ocasiones, la historia misma es un viaje de deconstrucción de los personajes masculinos, aprendiendo a no interferir en las decisiones de las mujeres y a que ellas pueden cuidarse solas.

Esto significa que la masculinidad en la literatura y en el cine ya no se define por la sumisión de las mujeres, sino que adopta una pluralidad de formas de entenderla, sin que signifique minimizar su carácter o personalidad. Por el contrario, implica acrecentar estos aspectos de su personaje, hacerlos más que la fuerza física que puedan tener, más que el título de príncipe o guerrero que ostenten y más que su interés amoroso. Al hacer esto, nacen personajes masculinos cuya participación en la historia no se limita a ser el héroe, sino que se humaniza y ahora se les permite sentir, llorar, reír, desconocer, ser inocentes, sin que ello se traduzca en una idea de feminidad equivocada que, además, constituya una ofensa. Si bien el patriarcado ha implantado la idea errónea de que mostrar sentimientos o delicadeza se relaciona con la femineidad y que cuando estos atributos se le asignan a un hombre constituyen un agravio hacia su persona, los personajes actuales rompen con estas ideas.

Todo esto lo podemos traducir también a las series y películas actuales. Ya nos referíamos al Aladdín animado y su desatinada representación de los géneros; sin embargo, hace relativamente poco, se produjo la versión live-action de esta historia y muchos de estos aspectos se corrigieron. Vemos a una princesa que se involucra en su historia y que iguala a Aladdín en el nivel de protagonismo y fuerza a lo largo de la historia. Otro ejemplo lo encontramos en la serie de Netflix, The Bold Type. Esta serie también fue producida por una mujer, es feminista y aborda una enorme cantidad de temas que necesitan hablarse más seguido; pero, mejor aún, se pregunta y deconstruye la masculinidad actual. Representa hombres reales, con dudas e inseguridades, con ideas erróneas, actitudes equivocadas, pero siempre dispuestos a aprender a liberarse de dichas ideas. En lo personal, considero que es una de las mejores representaciones de una masculinidad actual sana y consciente. El movimiento feminista es de mujeres para mujeres, sí, pero las autoras de estas historias también nos muestran el papel de los hombres en el movimiento y ponen en tela de juicio absolutamente todo lo que hemos normalizado con el tiempo, para ayudar a los hombres a reconstruirse a partir de una perspectiva igualitaria.

Ya ni hablar de las nuevas princesas de Disney, que ya no necesitan de un príncipe para contar su historia, como Moana o Mérida. O como el personaje de Eugene en Enredados. Su personaje va más allá de ser el interés amoroso de Rapunzel, él mismo tiene su historia y crece a lo largo de ella. No vemos una tendencia en su actuar de proteger a Rapunzel todo el tiempo o ser siempre él, el que los salve de cualquier situación de peligro. Y si regresamos a las adaptaciones cinematográficas de libros, quizás por eso Gylbert Blythe es tan popular entre las fanáticas. Su personaje literario dista mucho del cinematográfico y es que las productoras de Anne With an E, Moira Walley-Beckett y Miranda de Pencier, aprovecharon la serie no solo para abordar muchos temas sociales importantes, sino también para crear a un personaje masculino que fuera más que el interés amoroso de Anne y que respetara y apoyara a las mujeres en sus aspiraciones. Conocimos a un Gylbert que respeta a las mujeres y se enfrenta a sus amigos por ser su aliado. 

Es un tema increíblemente rico y que inicia un debate bastante largo, pero podemos iniciar la conversación. Creo que es necesario que le demos la importancia que se merece, porque significa un cambio de paradigma y puede tener un alcance enorme, si se aprovecha adecuadamente. No sé ustedes, pero yo, después de encontrarme con historias que dejaron de replicar ideas patriarcales para cambiar la perspectiva de los géneros, no es posible que pueda ver una historia pasada sin criticar que ella no haga lo mismo. Nosotros/as somos responsables del contenido que consumimos, pero su influencia en nuestra perspectiva, forma de ver la vida, construcción de nuestra personalidad y manera de relacionarnos con otros no es cosa menor. Creo firmemente que empezar por buscar historias con un discurso diferente nos hará entender que es posible vivir en un mundo en donde la sociedad sea igualitaria, en donde lo femenino no sea un insulto y en donde nuestra personalidad vaya más allá de nuestro género. Después de todo, el cine, la literatura y el arte en general son una puerta a un mundo que hemos creado mejor que en el que estamos, pero eso no implica que no podemos llegar a él.

 

 

 

Referencias 

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